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UN "REPASO" A LA HISTORIA

LAS COSAS COMO SON                                                               .              

               Producto de los mas profundos e intensos estudios que he llevado a cabo sobre el devenir de los acontecimientos históricos desde nuestro padre Adán, resulta el trabajo que a continuación les expongo y que prueba como efectivamente los historiadores oficiales que desde aquellos tiempos han escrito la historia, no lo han hecho con imparcialidad y verosimilitud, sino que por el contrario, obedeciendo a no se sabe que oscuros intereses de parte, nos han dado siempre unas versiones de los acontecimientos que no solo no se parecen a la realidad, antes al contrario, distorsionan la misma causando un efecto parecido a cuando en alguna ocasión nos hemos mirado en un espejo cóncavo: Es decir, que tratando de coger el cabo de la cuerda para tirar del hilo, mas que desliar la madeja terminamos por liar tal “cisco” ¡que ni San Cucufato que nos ilumine para salir del laberinto! Por más nudos y nudos que “con cavo” o sin cabo  andemos atando al sufrido santo para estrangulamiento de su escroto, si se le ocurriera no decirnos la verdad.

Así pues asombra saber que cuando Cristóbal Colon escaló la cima del Everest el mismo año en que Federico Martín Bahamontes daba la vuelta al mundo en Chalupa, como es bien conocido por todos los españoles, hete aquí que viene la Pérfida Albión, que siempre anduvo removiendo las cosas hasta desquiciarnos y sacarnos del mapa, haciéndole creer al mundo entero que tales acontecimientos son de poca entidad comparándolos con las hazañas de un tal “Chespir” (que yo creo que debe ser el Saquespeare que de toda la vida nos enseñaron) y que fue quien realmente hizo un gran descubrimiento para la humanidad, al ser el primer europeo en pisar por vez primera tierras americanas acompañado de un tal Otelo, que era un moro de Venecia con el que al parecer estaba “liao” y con el que iba huyendo de la persecución que le hacían los protestantes, así llamados por  estar siempre protestando a causa de no haber tenido nunca simpatía alguna por los “Moñas” (acepción malagueña que describe a los de la cáscara amarga, con perdón). Motivo por el cual, y hasta tanto definieran aquello del ser o no ser,  decidieron darse unas vacaciones por las Antillas Mayores (léase Caribe), al amparo y calor de un indígena llamado Moztozumos, un indio muy aficionado a los zumos de mozto, y  que por aquellas épocas era quien partía los cocos en aquellos territorios. Lugares aquellos para “disiacos” y para “perversiacos” de los que ya tenían referencia por un tal Marco Polo, que fue el inventor de la locomotora de vapor, como “to quisque” sabe desde siempre, y no el traductor de la “Biblia en Pasta” como sostiene el profesor Fhranz de Copenhague.

          Claro, no es de extrañar que no conozcamos tampoco lo que realmente paso cuando alarmados los Reyes Católicos (que montan tanto el uno sobre el otro) de la tardanza en regresar de Egipto del famoso Juan “El Tiznao”, Onubense de Jabugo, a quien habían mandado como embajador extraordinario (extra por parte de padre y ordinario por parte de madre) para negociar con el Faraón Tutenjamón III, que como su nombre indica era el tercero de una dinastía de Tutenjamones que se venia dedicando desde hacia mas de cien años a asolar y esquilmar las costas de Huelva para dejarnos sin “patasnegras”, a cuyo condumio eran muy aficionados ¡los muy cochinos!, y por  lo que a las  gentes de  Jabugo las  traían a mal traer, ¡los muy Gaznápiros! Alarmados, repito, sus católicas majestades de tan injustificada tardanza (llevaba ya el “Tiznao” fuera de casa mas de diez años, habiendo dejado en estado de buena esperanza a su mujer, con la que acababa de desposarse antes de marchar y la cual esperaba ya el cuarto retoño, comiendo y bebiendo todos en el mientras tanto a costa del erario publico), mandaron contra el infiel la famosa Armada Invencible, con orden expresa al almirante que la mandaba, D. Amadeo de Saboya, de o liberar al “Tiznao” o deportar a tierras del Nilo a su extensa e insaciable prole, que tanto menoscabo estaba causando a la hacienda real.

          Pues bien, sobre dicho particular siempre nos han contado un dislate sobre la famosa Armada Invencible que nada tiene que ver con lo que realmente ocurrió. Verán Vds., ¡verán! : Cuando la susodicha Armada Invencible llego a las inmediaciones del Cabo de Buena Esperanza (Africa del Sur) (pues hay que decir que Doña Isabel la Católica había indicado al Almirante que diera un rodeo para evitar problemas y posibles capturas que pudiéramos sufrir por parte de las patrulleras Norte-Africanas, amén del desagradable incidente diplomático que se produciría,  ya que otra vez andaban cabreadas y a vuelta con lo del pescao y con lo de Ceuta y Melilla), sucedió que  les salió al paso un tal Drake, un personaje ingles (otra vez la pérfida Albión) aficionado a hacernos la puñeta cada vez que nos hacíamos a la mar (¡todo por cochina envidia, claro!) para decirnos que no nos empeñáramos en continuar porque el “Tiznao” no tenia la intención de volver, ya que habiéndose hecho amigo de Tutenjamón III este lo había hecho embajador pleniponderado ante la corte de un tal Alí Babá, un enemigo tradicional del Faraón con el que se disputaba el comercio y el “bebercio” que ambos tenían con el conocido emperador Poncio Pilato, otro gran comilón, del que, por cierto, un lejano descendiente suyo fue el descubridor del queso en Ponciones El Graderío. Así que como quiera que nos convenció de la inutilidad de nuestra empresa, el Almirante dio media vuelta y puso rumbo a casa, con tan mala fortuna de que a la altura de las Islas Canarias las naves empezaron a hacer aguas mayores a consecuencia de la plaga de roedores que llevaban en sus bodegas (hay que aclarar que  en aquellos tiempos lo primero que se hacia era pertrechar a los barcos de unas buenas bodegas, “pa” que no faltara el pirraque) y que royendo royendo dieron al traste con tan histórica escuadra. Mientras tanto el británico Drake, aposentado en  la playa canaria que desde entonces se conoce como Playa del Ingles, tomó buena nota de todo lo que estaba pasando y dio posteriormente cuenta a su graciosa majestad británica (¡Cuchi tú que graciosa!) de que había acabado con nuestra armada, pasando pues a la historia una “historia” que no es la autentica, como Vds. acaban de comprobar.

          Siendo fundamentales para el conocimiento verdadero de la historia y para entender las claves del mundo actual, los dos hechos referidos anteriormente, no lo es menos el trasunto que viene a continuación sobre otro hecho crucial que ha pasado desapercibido y que es desconocido prácticamente por casi toda la humanidad, lo que pone en tela de juicio las fuentes en las que nuestros historiadores suelen beber, a saber:

          En tiempos del Rey Clodoveo, hijo de Clodomiro El Chico y fundador de la dinastía de los Gundemaros, este casó a su hija Hermenegilda con el Rey Restituto II, del país vecino de los Efrenios, con la intención de unificar los dos reinos. Ello dio lugar a la llamada guerra de los Cien Años a consecuencia de la rivalidad existente con el Rey Veodo IV hijo de Onofrio El Breve y pretendiente al trono de los Gundemaros desde épocas del bisabuelo común Tersticio El Grande.

          Pues bien, en uno de los múltiples hechos bélicos de tan dilatada contienda, concretamente en la llamada “Batalla del Puentetablas”, apareció en una pequeña gruta que hay horadada en una gran peña donde se resguardaba la tropa del infernal tiempo que hacia imposible la puesta en escena del famoso hecho que dio lugar a la archifamosa pintura conocida por “El Cuadro de las Espadas Quebradas”, del conocido pintor  Plinio el Viejo, apareció, digo, la famosa Tabla Rassa (“Tabula Rassae”), descubierta por casualidad por el soldado desconocido (del que nunca se pudo averiguar su nombre, pero al que hicieron por ello un monumento en los parisinos Campos Eliséos), y en la cual se explica al detalle el porqué de las cosas y se desvela el misterio de la santísima trinidad y de la triple alianza (Tabla esta, por cierto, que se cita en varias ocasiones en los famosos “Pergaminos del Mar Muerto”), dándose en ella explicación definitiva al destino de los  hombres (y de las mujeres también) en el orden cromosomico universal, y haciendo con ello, como su propio nombre indica, tabla rasa con todo lo conocido hasta ahora al tiempo que facilita las claves para el supremo conocimiento y las formulas para vivir “sin dar golpe”; encontrándose entre dichas formulas las del Gazpacho Andaluz (Con tomate, por supuesto).

          Pues bien, de estos hechos no aparece absolutamente nada en la cronología de los tiempos que la historia oficial nos relata, y solamente he podido tener acceso a los mismos a través de los textos apócrifos de la “Fundación Hilaritas”, a los que he llegado siguiendo laberínticos caminos que me han llevado por todo el mundo, empezando por la Peña de los Enamorados, en las cercanías de Antequera (la Romana Singilia Barba), donde tuve una entrevista secreta con Mustaf Al Querabid, un “sin papeles” a quien conocí casualmente vendiendo chocolate en la puerta de la Alcazaba malacitana y quien me citó en tan apartado lugar, a resguardo de miradas y micrófonos escondidos, para darme cuenta y razón de un documento que portaba y que obraba en poder de su familia desde hace cienes de años y en el que se podía leer: “Obulco Turris documentum est”.

          Trasladado a la Romana Obulco, actual Porcuna, entré en contacto con la persona que mas y mejor conoce y sabe de la citada torre (que ya habrán podido adivinar que se trata del famoso Torreón de Boabdíl), y que no es otro que el famoso porcunero Benito Banderas, el “Vaciacandiles”.

           Para no cansar, el posterior itinerario que tuve que realizar tras mis pesquisas en Porcuna, me llevó por las islas del Peloponeso hasta la mítica ciudad “De la Petra”, haciendo una escala previa en Estambul (la antigua Constantinopla, que ya estaba desconstantinoplanizada, o por Bizancio también conocida) adonde recalé para proveerme de prácticos y seguros mapas que me permitieron continuar viaje a barlovento, siguiendo por la Ruta de las Caravanas de la Seda, hasta San Sebastopol, desde donde di el salto al Nuevo Mundo.

          De lo que sucedió en dicho periplo les daré a Vds. cumplida cuenta mas adelante, con la publicación de mis próximos trabajos sobre el particular en los que me comprometo a ir desvelándoles todos los misterios de nuestro tiempo.

                                                                                  

                                                                                 Manuel Merino Valenzuela

                                                                                    

Lunes, 26 de Febrero de 2007 18:04 Autor: Manuel Merino Valenzuela. #.

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