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LOPERA, A SUS HIJOS DE LA DIÁSPORA

La emigración  es el  cáncer de los pueblos.

A mis paisanos del exilio involuntario.

             Sé que he navegado por el mar de tus recuerdos durante muchos años. He sido objeto de tu deseo permanente y en tus sueños siempre permanecí en tu imaginación con mi silenciosa presencia, cargada de emociones y sensaciones contrapuestas, que llenaron tu animo de tormentosos sentimientos de amor y de odio hacia esta madre, a la que en tantas ocasiones consideraste madrastra ingrata por haberte dejado marchar, arrancado de mis entrañas donde quedaron la semilla de tu linaje y los moldes de tu estirpe. 

Y sin embargo, no me olvidé de ti, hijo de Lopera, y en las achicharrantes siestas del estío loperano siempre te siento cerca, en nuestros campos, donde tus manos, otrora, conformaron los más hermosos labrantíos y cosecharon las más generosas mieses, a golpe de hoz y de trilla, y que te hicieron doblar la cerviz ante la que solo debe doblarse: La Madre Naturaleza. Esa a la que, no sé si con fundamento o sin él,  tantas veces has echado en cara que no te permitiera quedarte con nosotros.

No me olvidé de ti, hijo loperano, y en las noches agosteñas de blanca luna me acompaña siempre la imagen de los ricos melonares y las verdes chozas que poblaron mis campos, a donde provisionalmente trasladabas el ajuar de tu humilde hogar, para pasar, junto a los tuyos y bajo un cielo cuajado de estrellas y a la luz de la plateada luna “lunera”, noches relajantes tras sucesivas jornadas matutinas marcadas por el castigo implacable del astro rey.¡Cuantas conversaciones bajo el firmamento loperano llevas grabadas en tus entrañas! 

LA LUNA EN EL MELONAR

Y EN LA CHOZA EL MELONERO.

TE TENGO NIÑA QUE DARUN BESO,

 PORQUE TE QUIERO. 

Tampoco  me olvidé de ti, hijo de Lopera, y es por eso que cuando llegan los fríos y hoscos días de invierno  acuden a mi memoria las hileras interminables de esforzados aceituneros, varas al hombro los hombres y largos refajos cubriendo y protegiendo con sus sayas los delicados cuerpos de mis hijas loperanas; o de los chiquillos con sus tiernas orejas llenas de sabañones, y que en aquella edad infantil solo debió permitírseles escuela y juegos, y que tuvieron sin embargo que acudir al comunal sostenimiento de la economía familiar, que necesitaba de los tiernos brazos de sus pequeños retoños para poder sobrevivir con dignidad en aquellos tiempos calamitosos 

ACEITUNEROS ALTIVOS

¿DECIDME EN EL ALMA QUIEN,

QUIÉN LEVANTÓ LOS OLIVOS? 

Y menos aún me olvidé de vosotros, mis queridos hijos, cada vez que de vuestros hermanos me llegaba la noticia de la partida de uno de mis hijos hacia el viaje sin retorno para el que desde que nacemos solo tenemos billete de ida. ¡Os aseguro que un lamento desgarrador cruzaba los cielos de Lopera en cada ocasión en que supe que uno de mis hijos cruzó la frontera del más allá sin volver a ver a su madre patria loperana.! 

¡Sé que nunca me olvidaras, loperano!

¡¡Tampoco yo!! 

Por eso aguardo silenciosa y triste, junto a tu puerta, velando noche tras noche, año tras año, a que un día vuelvas al lar patrio de donde nunca debiste salir.

¡Cuantos olivos, viñas y trigales dieron su fruto, cosecha tras cosecha, sin que tú estuvieras aquí!  

Mi reencuentro contigo fue siempre un largo y silencioso abrazo de felicidad y esperanza, cada vez que me visitabas. Tu despedida, una y otra vez, un triste y desgarrador llanto por no haber sabido retenerte junto a mí, como hubiera sido mi deseo. 

Siempre me quedó, y me queda, el consuelo de saber que en tu forzado exilio has conseguido, para ti y para los tuyos, el bienestar que aquí no pudiste lograr, y aunque sé que tu felicidad no es completa porque no puedes llenar el vacío que tienes de mí, quiero que sepas, querido hijo loperano, que solo saber que no fue en vano tu partida y que tu sacrificio por los tuyos mereció la pena, palia a duras penas la soledad en que me dejó tu ausencia.

Pero no puedo despedirme de ti, sin pedirte un último sacrificio. ¡A ti, hijo mío, precisamente a ti, que con tanta generosidad hiciste el sacrificio supremo de abandonar casa y hacienda para encontrar fuera lo que aquí no te supe dar! Pues sí, a ti, loperano de la diáspora, te pido un último sacrificio: Que Lopera no muera en ti, sino que viva y permanezca siempre en tu descendencia. 

¡Háblales de mí! ¡De mis calles! ¡De tus paisanos! ¡De nuestros campos! Ellos no serán de Lopera, pero tú debes hacer que sientan Lopera en su corazón. Tus hijos; tus nietos, tienen que saber de nosotros. ¡Haz que me visiten! ¡Que me conozcan! Porque también yo quiero conocerlos. Y a través de ellos tal vez pueda yo pagarte algún día la enorme deuda que tengo contraída contigo, y reparar con ello el daño que os hice, a  ti y a todos tus hermanos, mis hijos, emigrantes.           

Antes fuisteis miles. Hoy sois legión. Todos lloramos vuestra ausencia. Nadie fue culpable. Ni hay ni hubo nunca en Lopera ni en el corazón de ningún loperano de bien, sitio para el rencor. Por que os quisimos y os queremos, ¡¡Os necesitamos!! Por eso desde el lamento profundo por tantos hijos perdidos, clamo a quien quiera oírme; a quien deba oírme, y además a quien tenga la obligación de escuchar mis palabras: ¡Que ni soy un pueblo desagradecido, ni quiero pasar a la historia como un pueblo ingrato!           

Por ello suplico una vez mas, en una suplica que tiene mas de exigencia que de petición, y que se suma a un clamor que es ya popular, que quien o quienes tengan la responsabilidad de gobernar y administrar la cosa publica, se presten sin mas tardanza ni dilación a erigir, en el centro mismo de mi corazón, nuestro idílico Paseo de Colón, el monumento publico en memoria de mis hijos emigrantes; para el reconocimiento y desagravio que su madre patria les debe y sin el cual ni un solo loperano podrá estar en paz con su propia conciencia y condición solidaria. Otros monumentos se erigieron ya a gentes procedentes de otras tierras, que también con generosidad y altruismo derramaron su sangre en nuestros campos loperanos. ¡Ninguno de mis hijos, que marcharon a dejar en otras tierras su sudor, su esfuerzo, su sangre y su vida, merece menor trato! 

           (Lopera, años 30: 7.000 habitantes. Lopera, 1ª década del siglo XXI: 4.000 habitantes. Entre los desastres de una guerra civil terrible para todos y la subsiguiente despoblación que se produjo a partir de la década de los años 50, Lopera ve mermada su población en más de un 50%. MEMORIA HISTORICA.)

            Quien o quienes tengan el honor y la obligación de cumplir con el sagrado deber de la reparación histórica debida a tantas y tantas buenas gentes que de su solar patrio tuvieron que marchar, algunas para nunca mas volver, tendrán por siempre mi agradecimiento y el de mis hijos loperanos, que por fin habremos podido conciliar nuestro pasado con nuestro presente y caminar unidos hacia un futuro que constituyamos entre todos, los de aquí y los de allá, sabiendo que una Lopera universal y sin fronteras cobija a sus hijos allá donde estuvieren.                             

Lunes, 26 de Febrero de 2007 18:48 Autor: Manuel Merino Valenzuela. #. Tema: Rincón literario.

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Autor: ana

hace mucho tiempo que falto de mi pueblo, pero nunca lo he olvidado y amedida que pasa los años si cabe aún me acuerdo más y cuando descubri estas paginas me la repaso todas por que no sabeis la ilusión que hace ver las fotos de las fiesta y saber cosas que posa no se si algunas de mis amigas que yo tenia lee estas paginas
si es asi un abrazo

Fecha: 11/03/2007 22:30.


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